Giacomo Samek Lodovici
El matrimonio no es el puerto del amor o su muerte, sino su escuela, en la que continuamente se descubre la inexorable riqueza del esposo. El divorcio es un drama, porque finaliza aquello que se prometió al otro para siempre, se rompe lo que tenía esperanza de eternidad, se acaba un proyecto de vida que tenía la vocación de llegar hasta el fin. Por eso, es una frivolidad considerar la separación de los esposos como un episodio más en la vida de un matrimonio.