Dos campesinos, un hombre y una mujer, dejan su labor durante unos minutos para dirigirse al infinito. Dos seres entre la tierra y el cielo, buscan en su interior, en su recogimiento, toda la Eternidad, todo su deseo de estar hechos para algo más que para cultivar la tierra, para algo más que para sobrecogerse por el cielo que les envuelve. Y a ese deseo, a ese infinito, le ponen el nombre de Dios, más en concreto, el nombre de Jesús, e incluso, el nombre de María, a la que en esta imagen rezan el Ángelus. Y esos nombres ya afirman algo, mucho, tanto como que Dios entró en la historia y se hizo hombre. Pero, si ese hombre no existió, vana en su fe, mentira en su creencia, traición es para ellos su Esperanza. por eso, el primer paso será adentrarnos en la historia y buscar en ella la huella de Jesús de Nazareth. ¿Qué podemos saber de Jesús como figura histórica? ¿En que tiempo vivió? ¿Qué costumbres regían la sociedad de entonces? ¿Cuál era el modo de enseñanza? Cuestiones, todas ellas, que entran en el ámbito de la investigación histórica para llevar a anclarnos verdaderamente, si la razón da el primer paso, en nuestra Esperanza.