P. Rafael Pascual
Es fácil opinar del mundo cuando queda lejos, cuando el origen de las galaxias y sus estrellas no tiene nada que ver con nuestra vida, pero, ¿y si la existencia del mundo nos interpela a aquello que nosotros somos? ¿somos puro azar o hubo y hay una razón de todo? ¿Qué le importa a la Iglesia, podíamos preguntarnos, el origen del Universo? ¿Acaso puede competir con la ciencia? Y es en este punto, donde comienza el artículo, porque la Iglesia no pretende tratar cuestiones que son propiamente de carácter científico, lo cual deja a la investigación de los especialistas. Sin embargo, siente el deber y la tarea de intervenir para aclarar las consecuencias de naturaleza ética y religiosa que tales cuestiones suscitan. Esto forma parte de su vocación. Es más, porque la Iglesia, es decir, Cristo, llega a todos los rincones de la vida humana, nada le es indiferente, y por supuesto, tampoco el origen de la vida.