Francesco de Nigris
Desde hace algún tiempo se afianza en mí una opinión sobre el estado de la sociedad en la que vivo, pero que, al expresarla, es recibida con sorpresa, una sonrisa, a menudo con arqueamiento de cejas, como si en ella hubiese algo cierto, pero también, y sobre todo, infundada o exagerada preocupación. La sonrisa así como el arqueamiento de cejas me dan qué pensar, si bien creo que se reconducen a la extrañeza, al verse uno sorprendido de que pueda yo opinar que en un hecho normalmente tan poco atendido se manifiesten y se incuben tantos males sociales; llevo peor el que la sonrisa se transforme en risa, incluso en risa complaciente.