Tantas veces las palabras que pronuncia la iglesia a través de sus miembros, de sus ministros, de sus pontífices, son como estos remolinos de viento, que una vez lanzados al aire perdemos su control; que una vez impulsados por el aliento del que sopla ya no están dirigidos por su voluntad, pero que tenemos la certeza de que su semilla se posará y dará fruto, aunque eso no siempre pueda saborearlo quien sopló. Para que las recientes palabras de Benedicto XVI puedan ser sostenidas en el aire aunque sea fugazmente las exponemos aquí. Para eso, y para que volvamos a escuchar cúal es nuestra vocación, ser buscadores de la verdad, partiendo de las preguntas que interpelan a nuestra cabeza y nuestro corazón.