Miles de persones, cientos de miles de personas, han llenado las calles del centro de Madrid para recibir a la selección española de fútbol con la copa del mundo. Miles de personas, cientos de miles de almas, han mostrado una alegría exuberante por la victoria. ¡Tantos nos hemos llenado de júbilo por el mundial! Y ahora ya ha pasado, y somos conscientes (antes y después) de que no se trataba de un acontecimiento propio, que ni siquiera cambiaría nuestra vida, la nuestra, la de andar por casa, la que tenemos cuando cerramos la puerta...Sin embargo, ¡hemos sido tan gozosos! Y ahora, cuando todo ha pasado, tenemos el anhelo de tener esta alegría siempre; tenemos el deseo ardiente de que haya una razón para poder ser feliz y no tener que esperar 4 años; tenemos la certeza de que esta alegría no puede ser en el fondo fruto de un gol, que Algo más dará esplendor a todo cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina, que diría Chesterton. Pero, ¡hay tantas amenazas contra esa alegría en nuestra vida! ¡tantas posibilidades de que las cosas vayan mal! ¡tantas ocasiones para que la vida se tuerza y lo paguemos nosotros! Sólo si la alegría es custodiada por otro podemos descansar tranquilos. Y ¿quién querrá que nosotros seamos verdaderamente felices?
Julio 2010
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