En la historia de la argumentación atea, la negación de Dios por supuesta contradicción con la presencia abrumadora del mal aparece en un segundo momento. El primer argumento ateo, en cambio, denuncia que Dios es una personificación sublimada de todas las cualidades que al ser humano le gustaría poseer: poder, felicidad, sabiduría, eternidad... Ésta viene a ser, con diferencias de matiz, la postura de algunos sofistas griegos. Y éste va a ser el primer y principal argumento que se esgrima en la modernidad contra el Dios cristiano, tal y como lo formula en el siglo XIX Ludwig Feuerbach, el gran precursor del ateísmo marxista. Tanta Belleza no puede ser posible.