Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

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     La reinterpretación del cristianismo

    Este fin de semana la mayoría de los medios de comunicación se han hecho eco del nuevo libro-entrevista de Benedicto XVI con Peter Seewald, "Luce del mondo", en el que, según algunos, el Papa "autoriza el uso del preservativo en algunos casos". La parte en cuestión es un pequeño fragmento -dos preguntas- al final del capítulo 11, acerca de la lucha contra el SIDA y que tienen que ver con las palabras que Benedicto XVI pronunció en su viaje a África en el año 2009.

    Resulta curioso comprobar que, en primer lugar, la mayoría de las personas tienen una visión un tanto deformada (a lo cual ciertamente ayudan mucho los medios de comunicación) de lo que el Papa dice o deja de decir. Muchas veces se toma la parte por el todo, se sacan de contexto ciertas palabras, o se omiten otras que son conditio sine qua non para entender lo que se dice. Al margen de lo que el Papa dijera o no (quien esté interesado puede leer la nota del P. Federico Lombardi acerca de las palabras del Papa, que explican el verdadero sentido de lo que dijo), me interesa resaltar la pretensión que tiene la posmodernidad de reinventar el cristianismo.

    Me explico: la sociedad parece estar convencida de que la única labor de la Iglesia es proponer una serie de normas morales. Si esto fuera así, entonces llevan razón cuando afirman que la Iglesia no tiene ningún derecho a "imponer su moral a otros estamentos de la sociedad". Las normas morales de la Iglesia (sus "mandamientos"), que los cumplan sus fieles. Ni el Papa ni la Iglesia tienen derecho a decir a la sociedad civil (y mucho menos a legislar, como nos recordaba Zapatero a raíz de la visita del Papa) qué han de hacer y qué no han de hacer los que no pertenecen a la Iglesia.

    Hasta aquí todos de acuerdo. Pero resulta que el cristianismo no consiste en la imposición de una serie de normas morales a sus fieles para que vayan al Cielo. La Iglesia Católica propone al hombre una verdad, un camino para ser más hombre. En ese sentido, su tarea no es, ni puede ser nunca, modernizarse para atraer más fieles. He escuchado comentarios de todo tipo, pero la mayoría era de este estilo: “está bien que la Iglesia vaya modernizándose poco a poco. A ver cuando le llega el turno al matrimonio homosexual, al aborto y al sacerdocio femenino. Así la Iglesia será más atractiva”. Es preocupante que la gente piense así, no porque lleven o no razón, que no toca aquí discutirlo, sino porque no comprenden qué es la Iglesia y qué es el cristianismo.

    Precisamente es al revés. La Iglesia parece hoy el único faro fijo en una sociedad que cambia de opinión constantemente y que no tiene ningún referente al que mirar. Parece sensato estar atento a las palabras del Papa (no sólo a lo que los medios de comunicación dicen que dice), un hombre que lleva toda su vida dedicado al estudio, al trabajo intelectual, y al servicio a los hombres.

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