Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

foto

¿Qué tiene que ver conmigo el origen del universo?

Eric Bois (Scienza e Tecnologia)

Si el mundo ha sido pura casualidad, es muy probable que la propia vida no tenga una consistencia firme y que lo más razonable sea creer que es una sinrazón. Pero si el universo fue un pensamiento de algo, un principio de decisión de otro, entonces, hay que buscar el sentido del presente, porque es lógico que haya una coherencia.

1. Introducción
La evolución, bien lejos de constituir una respuesta a las preguntas existenciales y metafísicas, es un argumento admisible para el mantenimiento del ser. Pero es necesario considerar la verdadera magnitud de la cuestión de la existencia sobre el plano de la abstracción metafísica.
¿Las cuestiones sobre el origen son cuestiones sobre la causa de la existencia o sobre la proveniencia? A la pregunta seria sobre la procedencia del agua, nadie respondería: "del lavabo". Y sin embargo, es esto prácticamente lo que ocurre en los discursos sobre el origen de la vida, de l hombre, del universo. Y estos discursos son a menudo científicos. Se nos dice por ejemplo en astrofísica, de un sentimiento de pertenencia al polvo de las estrellas. Pero si la existencia pasa de hecho de la proveniencia, el principio del ser no ha sido nunca reducible a la proveniencia. Es necesario elevar la mirada más allá del horizonte. Pero es necesario abstraer. Pero el científico recalcitra a hipotetizar un nivel superior de abstracción que no podría alcanzar, sobre todo desde la perspectiva en la que está acostumbrado a situarse.
La interrogación filosófica sobre la naturaleza del universo, tomada en su globalidad existencial, ha hecho eco en el estudio científico sobre el universo de la Naturaleza, tomada en toda la extensión de sus significados. Los razonamientos que seguirán, con respecto a la pregunta sobre el ser del universo, se aplican a la noción de ser, de todo el ser en todos sus aspectos, sea que el universo sea único o no. Sin embargo, si la imaginación puede adaptarse a la idea de múltiples universos, la ciencia se actúa exclusivamente en el nuestro.
Y entonces en la escuela de su naturaleza que se construye una filosofía de la Naturaleza, como si esta llevase la huella de su secreto de los orígenes. Entonces, el universo de la Naturaleza nos revela una Naturaleza no absurda, sino fina y generosa. Cuanto más se desvelan los primeros principios de la Naturaleza, que por otro lado se articulan a menudo con coherencia, más crece el estupor que puede formularse al modo de Einstein: "Lo que es más ininteligible en el mundo, es que el mundo sea inteligible". Pero si el mundo es de hecho ininteligible, justamente esto suscita la pregunta sobre el sentido. Si nosotros buscamos precisamente el sentido, lo buscamos, en la ciencia, a partir de la plena aceptación de la inmanencia de la Naturaleza. Pero se descubre que el estudio de ésta produce un singular sentimiento de coherencia de la Naturaleza. Este sentimiento, a su vez, sugiere a la razón que es probablemente poco razonable pensar que el universo pueda traer su ser de sí mismo. El simple hecho de la existencia del universo (la existencia es un poco para el ser, lo que un lámpara es para un techo), pero también, en manera genérica, "el movimiento" que le es presente, local y globalmente, y en fin la gran variedad de los principios "de inclinación natural" se presentan como las tres "constatación" que exprimen esta suficiencia ontológica. Que el universo sea abierto o cerrado no cambia nada. Pero como entrever más allá del universo hace referencia a otra realidad que no se impone sin embargo ni clásicamente a la observación ni simplemente a la razón. Es precisamente en esta relación de orden ontológico de una realidad a otra que el concepto de creación toma cuerpo.

2. La transición ontológica
Es propio de una relación ontológica fundar la existencia sin predeterminarla. La lógica de una relación ontológica es la de salvaguardar una inmanencia plenamente intra-fisica, quedando la trascendencia rigurosamente meta-física.
Sin embargo, entre los pasos deductivos de las leyes de la inmanencia y la inducción de otro nivel de realidad, existe como una especie de transición en el orden del pensamiento. Lejos de desear más, el al contrario el carácter de necesidad de esta transición que puede convertirse en fuente de estupor. Los principios del universo y de la Naturaleza actualizan hoy la legitimidad de esta transición.
En 1931, el matemático Kart Gödel publicaba una tesis más amplia titulada: "Sobre las propuestas indecibles de los Principia Matemática y de los sistemas emparentados".
"Esto a lo que nos estamos confrontando -escribe De Paoli sobre este argumento- es una proposición verdadera, una existencia real, cuya veracidad parece sin embargo imposible de probar en el interior de un sistema original. Este sistema es pues incompleto, y esta proposición hace parte de una forma de comprensión de la realidad más vasta"
Así, en el sistema constituido de las leyes de la inmanencia, la inducción ontológica se presenta como una proposición formal no verificable y al mismo tiempo necesaria para la autonomía de la razón. En otros términos, la propuesta de una inducción ontológica no puede no corresponder a una cierta forma de realidad, y precisamente a un punto de apoyo metafísico del ser. Esta realidad, o más exactamente este otro nivel de realidad, si bien no es comprobable en el sentido físico, se revela eminentemente accesible para una transición al mismo tiempo legítima y necesaria.
Todo junto el universo haría referencia a otra realidad de otro nivel de abstracción que no se impone espontáneamente a la razón, y todavía menos a la observación. Y sin embargo, esta realidad muy "discreta" se deja inducir al final de la carretera en la niebla.

3. El tiempo del espacio-tiempo
Para recorrer esta carretera en la niebla, tomamos prestados los caminos de la física. ¿Qué sabemos exactamente del universo tomado en su globalidad? Para Einstein el universo era visto como un continuum no-euclídeo de cuatro dimensiones. Estas dimensiones que forman el espacio-tiempo están asociadas en la relatividad general: el espacio-tiempo, en cuanto variable de cuatro dimensiones, es una estructura mixta. La coordenada de género tiempo está asociada a las coordenadas de género espacio por una combinación algebraica que define una métrica espacio-temporal de una topología dada. Por otro lado, estas cuatro dimensiones que forman el espacio-tiempo no son extrínsecas a la materia, sino ligadas intrínsecamente a ellas. La relatividad general postula de hecho una interacción fuertemente no-lineal entre la curvatura del espacio-tiempo y la distribución local de la materia-energía. El espacio-tiempo curvo traduce este tejido geométrico de la materia, no el sentido de una simple abstracción matemática, sino en el sentido constitutivo del universo definido como "espacio-tiempo-materia".
Una concepción renovada del tiempo, resultante de la física fundamental contemporánea tiene el deber de integrar dos nociones fuertes poco habituales en el sentido común: el tiempo como noción intrínsecamente ligada a la materia, y el tiempo como género, asociado al género espacio. Dicho de otra manera, el espacio de este espacio-tiempo no es un lugar; no es tampoco el espacio absoluto de Newton. Conforme a la relatividad general, el concepto de un espacio separado de cualquier contenido físico no existe más. El tiempo de este espacio-tiempo no es más un flujo extrínseco; no es más el tiempo absoluto de Newton este tipo de vacuidad extraña a Dios y al universo. La nada no puede servir de apoyo al tiempo propio porque no hay nada. La materia física no está ni en el tiempo, ni el espacio, sino que la interacción espacio-tiempo-materia es tal que lo uno no puede existir sin lo otro. En esta prospectiva no se puede considerar más el tiempo y el espacio como capaces de existir por sí mismos. No tienen una existencia independiente y separada. Desde entonces, la cuestión de la paradoja de los límites del espacio se disuelve en aquella de los bordes de la materia. La cuestión clásica con respecto a los límites espacio-temporales del universo se reduce entonces a la pregunta sobre la existencia de la realidad física en cuanto espacio-tiempo-materia.
En estas condiciones, la pregunta radical pasa a ser: ¿cómo es posible que exista algo más bien que la nada? Y para retomar la célebre pregunta de Leibniz, "¿porqué el todo en lugar de la nada?". La pregunta se coloca pues e el nivel de la existencia misma del ser del universo. Dicho de otra manera, ¿por qué existe este ser llamado Universo en lugar de la nada?,¿el universo extrae el ser de sí mismo?,¿existe otro nivel de realidad que da la existencia? Y aquí es necesario reconocer que la interrogación sobre la cuestión de la existencia de la realidad física reenvía muy fácilmente a la pregunta sobre la permanencia no temporal de esta, así como a aquella de sus modalidades de aparición en un cierto momento de la duración. Y si digo "muy fácilmente", esto quiere decir que se trata de los dos polos solidarios de la pregunta única relativa al sentido de la creación del universo. Aquí reside, al mismo tiempo, todo el problema de una visión teologal trascendentalista que ignoraría la abstracción metafísica, y todo el problema de un angelismo metafísico que no entendería la física.

En otros términos, en un primer momento, la pregunta de la creación del universo se aleja de su reducción creacionista a una industria divina, una fabricación, un cálculo, un proceso, una energía, una producción, una emanación, un esfuerzo, o una operación cualquiera. Pero en un segundo momento, yo no puedo detener la creación exclusivamente en una abstracción metafísica de contingencia eterna por que yo reflexiono sobre el problema de la existencia de la realidad física. De la potencia al acto, por este algo antes que la nada, se me ocurriría aferrarme a una causalidad formal de la existencia. Pero, hace poco, hicimos desaparecer el tiempo y el espacio extrínsecos al reino de las sombras; pero el espacio-tiempo intrínseco podaría constituir una pista. El espacio-tiempo curvo, dirigido por las propiedades de invariación formal de las leyes de la naturaleza, puede constituir una especie de estructura constitutiva de la materia completa y existente y de su morfogénesis en acto.
Antes de explotar esta pista para llegar al universo pre-cósmico en gestación del cosmos, es decir, al universo anterior al Big Bang, es necesario ponerse de acuerdo un momento sobre la palabra "materia". Cuando decimos "materia" y buscamos el origen de la materia, estamos ya en una trampa. Esta palabra "materia", para la ciencia, se pierde en el espesor del sentido. No voy a dar aquí el organigrama. Para el razonamiento que va a continuar, decidimos entender por "materia", en el sentido físico, a la materia total que existe en el devenir, sea la pesante que la radioactiva.
Por otro lado, cuando decimos que la forma es el acto de la materia, la palabra materia hay que entenderla en el sentido filosófico. Aplicada al ser del universo tomado en su globalidad, la materia reenvía al ser del universo en potencia, es decir, a su "materia prima" en potencia de existir en un modo ligado al tiempo, es decir, en el devenir.

4. El Universo en gestación
En esta prospectiva que acoge la cosmología cuántica, la "materia prima" del universo no es necesariamente materia en el sentido físico según el significado adoptado arriba. Se puede pensar que el universo en gestación fue dominado completamente por la energía de un vacío cuántico, una energía en estado puro, el estado fundamental de un campo, es decir, de energía mínima. El Big Bang habría sido provocado por la densidad de este vacío cuántico en su curvatura, como un fulgurante nacimiento del espacio-tiempo. En cosmología cuántica se considera que el espacio cuántico ha nacido espontáneamente por fluctuaciones del vacío cuántico como consecuencia de una especie de gravedad negativa. Es la expansión del espacio-tiempo que traduce la esencia y la armadura de las cosmologías relativistas actuales.
Pero este estado de vacío cuántico pre-cósmico, esta "materia prima" del universo puede emparentarse al sentido filosófico de la palabra materia. Si cada generación tiene por sujeto una materia que esta transforma, ¿estamos entonces en presencia de una generación espontánea?; Espontánea o no, ¿se trata de una generación? Independientemente de la modalidad de transformación, esta especie de materia prima del universo (en el sentido filosófico), se presenta "efectivamente" en potencia respecto de la materia segunda del universo (en sentido físico). De la existencia metafísica o pseudos-metafísica (sin espacio-tiempo, sin actualización) surge una existencia física para el espacio-tiempo (con actualizaciones). Las correspondencias de los conceptos modernos a las categorías de los antiguos establecen aquí el ligamen de una cosmología filosófica.
No tengo un conocimiento científico detallado del vacío cuántico, ni estoy convencido de su primordial existencia. Por ello, sobre el argumento continuaré usando el condicional como se haría sobre una hipótesis interesante. Esta posibilidad de un voto cuántico pre-cósmico habría contribuido a tranquilizar a Sertillanges, adversario de la "tesis finista" del mundo (vale decir la tesis de un inicio cosmológico):
"En el fondo, cuando se reflexiona, se da uno cuenta que no es a causa de los argumentos avanzados, que se engancha a este primer día salvador, cuanto más bien a causa del susto de la imaginación frente a este abismo del infinito del que el mismo Pascal decía: "El silencio eterno de estos espacios absolutos me empobrece. [...] En la tesis de un límite del tiempo [en el pasado] si se excluye la precesión del tiempo por la eternidad de Dios, ¿a qué llego? Al vacío". No existe el vacío. El vacío sería como mínimo un espacio o una duración donde se podría hospedar alguna cosa; sería una capacidad definida con las dimensiones. Habría por lo tanto algún ente."
Pero, precisamente, una especificidad posible del vacío cuántico sería de la ser sin espacio-tiempo (no entendiendo espacio y tiempo a la manera de Newton). Si por lo tanto el vacío cuántico es del orden del ser, lo será consecuentemente de otra manera. ¿Se trata de un ente sin existencia o de una forma intermedia de existencia? ¿Es este el magma informe intuido por los antiguos? Es probable que se tratase, por este estado pre-cósmico, de la prefiguración del universo o, de alguna manera, de su gestación. En este caso, la fenomenología del Big Bang, por esta transición cuántica, se convierta en la generación del universo, en el sentido académico del término; diría que su nacimiento en cuanto Cosmos.

5. Un principio de origen permanente
Queda, bien entendido, que este vacío cuántico es él mismo objeto de la cuestión radical en cuanto a su origen. Esto no hace nada más que colocar al principio (y no en el tiempo, que no existe todavía) la pregunta sobre el origen existencial del universo. De hecho, el nacimiento de la existencia metafísica no es la metafísica de la creación.
La creación es una cosa totalmente distinta; no hay ninguna materia que transformar. Una creación es una novedad ontológica, y no sólo fenoménica.
Conviene reasumir desde ahora en adelante lo esencial de mi tesis. Tenemos una relación de dependencia ontológica de la realidad completa (incluyendo el vacío cuántico por el simple hecho de ser aquello que es y aquello que no es) a otro nivel de realidad cuya esencia es su mismo existir. Esta relación ontológica no obra en el tiempo; no hay ninguna duración, decía Sertillanges, fuera de aquella del mundo mismo. Pero que exista o no un instante inicial de la existencia del universo y que este instante deba ser movido al infinito por un cambio de escala adecuada, nosotros nos colocamos pese a todos la pregunta primera y última de la existencia en sí de esta realidad del universo (en potencia y en acto). Se sigue de esto que el concepto de creación implica aquello que he llamado un principio de origen permanente del universo, es decir, de origen ontológico de actualidad permanente. La creación no puede ser más que de raíz metafísica, pero no puede no ser. Concebida así, la creación es una propiedad de dependencia que hace referencia globalmente al ser del universo. Esta dependencia del ser no se opone para nada a la autonomía en el ser (como en el caso del panteísmo). Que sea posible o necesario, el valor de esta relación no cambia, decía Sertillanges.

6. La creación
Buscar representarse el acto de la creación significa buscar una modalidad para una imagen o una idea. Pero, formarse una idea de la creación presupone formarse al mismo tiempo una idea de la nada y una idea de la aparición primera en el ser, lo que es doblemente imposible. Se trata de poder concebir aquello que es, y habría podido no ser, uno o más universos más que la nada. Por eso la creación es un concepto y en cuanto concepto, es un objeto del pensamiento que se da sin que se busque obtener una representación. Siendo así, los conceptos son signos de lo real y las palabras son signos de los conceptos.
La noción de creación no mantiene un ligamen necesario con el tiempo, aunque no se opone. Una meditación sobre la creación se frena a menudo sobre el aspecto del principio temporal, mientras su fecundidad se esconde en este concepto "de origen permanente". Esto se concreta en un mantenimiento en la existencia adyacente a una aparición de la existencia.
Argumentando desde el punto de vista opuesto, la pregunta con respecto a la creación del universo está habilitada formalmente a hacer eco (y ahí se encuentra toda la dificultad) a una llamada a la existencia (donde el nacimiento podría ser connatural con un principio del tiempo) a un mantenimiento de la existencia (ligado a esta duración temporal finita o infinita). Sin embargo, hay que hacer notar en primer lugar que estos dos aspectos fundamentan un tercero: una relación de necesidad ontológica fuera de una duración temporal. Es necesario descubrir cuánto procura al ser esta relación su autonomía en la existencia. A fin de cuentas, la creación será comprendida sin confusión si se intuye que ésa contiene simultáneamente las tres distinciones mencionadas, articuladas según el siguiente principio:
El ser es primero y la causalidad es después

7. Conclusión
El primer acto legítimo del espíritu, que se maravilla de ser, es la apertura al ser. Con respecto a la pregunta sobre los orígenes, lo primero es el estupor; el razonamiento viene después, a partir de una conceptualización de este estupor. Cancelar esta actitud humana al estupor puede significar faltar la apertura al ser. Esto quiere decir arriesgar incluso a quedarse cerrados en la causalidad del sentido común. Pero este no es el origen de sí misma. La causalidad debe sumergirse en la inteligibilidad, faltando la cual, su explicación no puede producir nada que no sea el sinsentido, como el sentimiento de pertenencia al polvo de estrellas.
La distinción origen / principio hace intervenir en realidad a otro nivel de abstracción más allá o junto al pedido por el saber de la ciencia:
- El origen, en el principio fundador, se refiere a un orden ontológico que no mantienen un ligamen necesario con el tiempo (anterioridad en el principio). El principio, de por sí, hace referencia a un orden cronológico ligado necesariamente al tiempo (anterioridad en el tiempo)
- El orden ontológico es el del ser, independientemente de sus determinaciones particulares. El orden cronológico es el de la existencia del devenir.
El big bang no es ni la creación, ni el origen del universo, pero su generación o su nacimiento en la existencia justamente por la aparición de la estructura espacio-temporal a partir de la fluctuación del vacío cuántico (el vacío cuántico conteniente las fluctuaciones cuánticas de todos los campos de materia potencialmente presentes en el universo). La expansión del universo significa la extensión de esta estructura espacio-temporal y señala la trama de las cosmologías actuales. Pero este vacío cuántico aparentemente sin estructura intrínseca espacio-temporal, no es menos en el orden del ser. El origen del universo indudablemente no es reducible al principio del cosmos.
La pregunta sobre el origen del universo no se resuelve en el interior del orden temporal de sus condiciones de existencia. Pero el origen fundamental del universo permanece ligado para siempre a una relación de dependencia ontológica.

 
Imprimir

<< volver

Alta Newsletter

Síguenos en:

  • Facebook (en nueva ventana)
  • Twitter (en nueva ventana)