Balmes, o el defensor del sentido común
Mauricio SchoepflinJaime Balmes es uno de los filósofos españoles más importantes del siglo XIX. Su vocación fue dar razones a la fe, y encontrar en el sentido común un aliado para adherirse a la realidad de las cosas. Le proponemos en este número como personaje que vivió y trabajó para hermanar la fe con la razón, y descubrir que el camino de ambas no se dirigía a lugares distintos.
Junto a Donoso Cortés fue el mayor filósofo católico español del siglo XIX. Cristiano fiel a la tradición y dedicado a discutir con los mayores filósofos modernos, se dedicó al renacimiento religiosa y político de España
Aunque hoy es desconocido en Italia, y también anteriormente, como en otros países como Francia o Alemania, había ejercitado una influencia que no hay que descuidar; el catalán Jaime Balmes ha sido junto a Donoso Cortés, el mayor filósofo católico español del siglo XIX.
Nació en Vic en 1810, y fue educado en una familia muy religiosa. Balmes pensó desde pequeño en el sacerdocio y en 1834 se hizo sacerdote; consiguió poco después el título de doctor en teología y se dotó también de una buena cultura filosófica y maduró una clara vocación de escritor. En el período entre 1841 y 1848, año de su muerte, compuso una extraordinaria cantidad de obras de filosofía, política, sociología y apologética y se dedicó también al periodismo, fundando dos revistas y un semanal que tuvieron gran difusión. Diversos viajes por Europa lo pusieron en contacto con las más vivas realidades culturales y sociales del Viejo Continente. Al volver s la patria, se dedicó a una regeneración religiosa y política de la sociedad española e intentó, aunque sin éxito, evitar ásperas laceraciones y violentas contraposiciones en España. Se le reconocieron altos reconocimientos culturales, aunque tampoco faltaron las críticas, de manera particular cuando por invitación del nuncio apostólico Brunelli, tomó posición públicamente a favor de las reformas llevadas a cabo por Pío IX en el Estado Pontificio.
Atosigado, como el mismo decía, por la sed de verdad, Balmes no perteneció a ninguna escuela y se presenta como un cristiano fiel a la tradición, dedicado a discutir con los mayores protagonistas de la historia del pensamiento moderno, de Descartes a Kant, de Locke a Schelling. Adversario del materialismo y del sensismo, fue también un crítico feroz del idealismo, del cual comprendió su clara dimensión panteísta y en última instancia, atea. La muerte prematura le impidió llevar a cabo un mayor trabajo constructivo que debía llevar a la edificación de un cuerpo de doctrinas fundamentales adaptadas para la resolución de los problemas más dramáticos generados por la filosofía moderna.
Con respecto a la pregunta sobre el conocimiento, Balmes sostuvo la existencia de un instinto intelectual o sentido común que, junto a la conciencia o sentido íntimo y a la evidencia, constituyen los criterios fundamentales de verdad, sentido común que él definió como "don precioso que el Creador nos ha otorgado para hacernos razonables incluso antes de los raciocinios", completamente olvidado por los idealistas alemanes los cuales por esto "pasean por un mundo imaginario". Balmes también se dedicó a la cosmología, a la antropología y a la metafísica, atribuyendo particular importancia a la confutación del ateísmo, mediante la clara reproposición de algunos argumentos clásicos a favor de la existencia de Dios. En la obra "Cartas a un escéptico", dominada por una viva e intensa preocupación apologética con el objetivo de demoler las falsas certezas de los incrédulos, Balmes percibe en los sistemas filosóficos escépticos "una de las plagas características de la época".
Según Menéndez Pelayo, Balmes manifestó cualidades verdaderamente geniales especialmente para discutir sobre los problemas sociales y políticos. Se mostró particularmente sensible frente a las injusticias sociales, no dudó en denunciar las graves deformaciones producidas por la industrialización que causaba explotación y pobreza. Criticó también las teorías socialistas y pensó que la solución de la cuestión social residía sobre todo en los valores de la religión y de la moral: la sociología que elaboró fue típicamente cristiana, y proponía la superioridad de la persona sobre la colectividad y de la sociedad sobre el Estado y veía en el bien común el valor guía de la acción política. Frente a algunos como François Guizot, que veían en la Reforma protestante una de las más potentes razones del progreso de la Europa y que también en España encontraba algo de seguimiento, Balmes hizo una gran defensa del catolicismo, escribiendo entre otras cosas, su obra más importante de apología "El protestantismo comparado con el Catolicismo", en la cual rebatió los méritos fundamentales de la fe católica en relación al desarrollo de la civilización occidental, sobre todo en cuanto concierne al desarrollo de la persona humana y el valor de la familia.
De ánimo sereno y mente equilibrada, Jaime Balmes repropuso la verdad católica con espíritu de inteligente moderación: "No hemos sido nunca" - se lee en un escrito suyo -, "de aquellos que dicen: o todo o nada; juzgamos más prudente otra regla: si no todo, al menos, algo; y nunca hemos profesado el principio de la oposición ciega que dice: de los adversarios no aceptamos ni siquiera el bien; de los amigos aplaudimos incluso el mal. Nosotros consideramos insensatas estas normas, pero sobre todo, inmorales; el bien lo aplaudimos incluso en los adversarios, y el mal lo despreciamos también en los amigos". En este autorretrato intelectual bien se adscribe la siguiente descripción que de Balmes ha hecho Marcelino Menéndez Pelayo: "Balmes es el genio catalán, paciente, metódico, sobrio [...] iluminado por la llama del sentido común, y siempre adherente a la realidad de las cosas. [...] No da pasos en falso, no corta el proceso dialéctico, no busca deslumbrar sin convencer, no lanza metáforas por ideas, no pasa por una noción sin explicarla [...] no vuela, sino que camina siempre con paso seguro. Con él no hay peligro de desviarse por que posee en grado eminente el don de la precisión y de la seguridad.