
Una pregunta que nos conforma
Ricardo Cascioli
La pregunta por la libertad está impresa en nuestro corazón. Quizá sin verbalizarla, sin hacer grandes discursos, pero en la respuesta que nos demos nos va la vida. Porque ¿cómo amar a alguien si no es en libertad? ¿cómo querer ser amado sino es libre quien nos ama? De esta forma, miramos constantemente a la libertad como el medio para que el fin tenga valor.
Si históricamente ha sido el cristianismo el que ha promovido la libertad, el deseo y la pregunta sobre la libertad pertenecen a cada hombre, de todas las épocas y todas las culturas.Si la experiencia de la libertad entre en la historia con Jesucristo, la pregunta y el deseo de libertad pertenecen a todos los hombres, de todas las épocas y de toda cultura. Es decir, Jesús se pone como verdadera respuesta a los deseos más profundos de todo hombre, deseos que sin él están destinados a permanecer como tales, intentos de realizaciones humanas de resultados trágicos. Baste pensar en cuántas ideologías y regímenes despiadados de los tiempos modernos han nacido justamente como un intento humano de realizar la libertad: ¿no nacen la Revolución francesa, el marxismo y los movimientos anticolonialistas para "liberar"?
Pero si aquí permanecemos fundamentalmente en un mundo que ha conocido el cristianismo y ha sido fuertemente permeado, es quizás más interesante ir a descubrir este deseo de libertad en culturas totalmente diversas. Sin retroceder hasta las civilizaciones pre-cristianas -veamos a los filósofos griegos- nos limitamos a ofrecer sólo algunos ejemplos contemporáneos como el de Aun San Suu Kyi, la líder del movimiento democrático birmano, premio Nobel de la Paz en 1991, y todavía sometida a restricciones por la junta militar que gobierna en Yangoon. Justamente el 10 de julio de 1991 fue publicado el ensayo más significativo de Suu Kyi, "Libertad del miedo" que posteriormente dio pie a la recolección de sus intervenciones. Ella, budista, en la cárcel después de haber vencido con mayoría las elecciones de tres años antes, pone en guardia ante una "revolución que busca sólo cambiar políticas e instituciones", que aunque "mejorasen las condiciones de vida" estarían "destinadas al fracaso". "La verdadera revolución -sostiene Suu Kyi- es espiritual" y es aquella que lleva a la "libertad del miedo", por que es "el miedo el que corrompe y no el poder". La protesta contra un gobierno represivo es nula si no es para asumirse la responsabilidad personal de reaccionar a la "humillación de una vida desfigurada por el miedo".
Libertad por lo tanto como rasgo fundamental que caracteriza a un ser humano, una aspiración que -incluso en modalidades distintas- encontramos también en el pensamiento de disidente chino más famoso, Wei Jingsheng, protagonista del movimiento democrático reprimido en sangre en la plaza de Tienanmen el 4 de junio de 1989. En un largo ensayo dedicado al "espíritu de la democracia en China" a través de largos análisis políticos a veces socializantes, emerge la conciencia de que la democracia es en el fondo un medio, "el mejor modo para que todos los hombres puedan ser libres y felices". La libertad verdadera según Wei no es la suma de libertades (palabra, pensamiento, empresa, etc) si no la posibilidad de cada hombre de ser "protagonista del propio destino".
Esta es una intuición que ha sido desarrollada por el economista indio (premio Nobel en 1998) Amartya Sen que la ha hecho base de su análisis económico, culminada en el ensayo Development as frredom. La idea fundamental de Sen es que el desarrollo no puede ser medido sólo con índices económicos y sociales, sino sobre todo en términos de "libertad real gozada por los individuos", y a los economistas que hablan sólo de "distribución de los recursos" contrapone la posibilidad de "distribución de la felicidad".