Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

foto
foto

Hora Newman sobre el amor

Uno de los deseos más repetidos para el nuevo año, además de la salud, es el amor. Todos pedimos tener "suerte en el amor", pero ¿qué significa esto? y ¿por qué unimos al amor la suerte? ¿No será que intuímos que hay algo en "esto de encontrar a la persona amada" que no nos pertenece, que no es proporcional con los esfuerzos que hagamos por encontrarla? Amor, ¿encuentro o conquista? Quizá, el amor, como todo lo importante y grande de nuestra vida, ha venido sin que supiéramos como, poniendo nuestra mirada en algo mucho más lejano que nosotros mismos.

Por lo general, hablar del amor es un tema que le interesa a todo hombre, debido a la interpelación que supone, a las múltiples preguntas que genera pensar en ello, debido a la exigencia o requerimiento que constantemente provoca, a que es algo íntimo, a que se trata de una experiencia que toda persona en mayor o menor medida ha tenido... En definitiva, porque una de las tareas más importantes que el ser humano tiene en la vida es: amar. Y cuando hablamos de amor, nos referimos a amor con mayúsculas, pues lo que está en juego es la propia vida de la persona. Es cierto, que en algunas ocasiones, hablamos del amor de una forma superficial e incluso banal. Pero cuando verdaderamente nos importa, nos damos cuenta que hablar sobre el amor, no es fácil. Cuesta mucho discernir, por ejemplo, sobre la diferencia entre amar y querer, cuándo saber que estamos ante un amor verdadero, si el amor consiste en dar o recibir o ambas... Por este motivo, en la Hora Newman de esta semana queríamos plantear un diálogo entorno a este tema.
Para reconocer el amor de nuestra vida, el Padre Florencio dio unas pautas en las que nos podemos fijar. Así, resaltaba por ejemplo, que ante la pregunta qué es el amor, una respuesta clara es la decisión de jugártela con alguien sin pensar si nos va a corresponder. Ahora bien, no se trata de concebir esta acción a ciegas, se trata de razonar y no brindarse a hacer contratos ni acuerdos.

El encuentro con el amor tiene un efecto positivo en la persona que busca, esto es, le ayuda a conocerse mejor a sí mismo, le auxilia a justificar su vida de un modo más adaptado y saca lo mejor de uno mismo. Además el amor crea vínculos, como por ejemplo, el amor que hay entre un padre y un hijo, o entre un chico y una chica, o entre amigos... Cuando una persona quiere a otra, se encadena a ella, se entrega totalmente, y sabe depender de ese amor; no en un sentido esclavizador, sino mayestático.
El amor no es un producto que surge del hombre, sino que es algo que sobrepasa al hombre. Y ante esta situación, lo que puede hacer el hombre es dar gracias. Es posible que algunas personas identifiquen este acto con la autoría de Dios. Aunque también es posible que identifiquen el amor como un regalo de la vida. Da igual la postura, lo importante es ver que el amor es un regalo.
Entre los cuarenta asistentes a la primera hora Newman de la mañana, se encontraba un grupo de hombres procedentes de la asociación Recal. Jesús (2º de publicidad) animó a pensar en el juicio que se merecía la frase: "el amor es la alegría que me da la sola presencia de la persona amada". Nacho (Recal) y Juan Pablo Serra (profesor de Humanidades) quisieron complementar la frase; así el primero aludió que se necesita algo más que la sola presencia de la persona amada. Su experiencia reciente era la lejanía de su hijo porque se encuentra estudiando en el extranjero. Esa lejanía no hace que se pierda el amor que le tiene a su hijo, lo único que se pierde es la presencia física. Juan Pablo Serra ilustró sugiriendo la realidad pequeña a la que se refería la frase. El valor que tiene ese enunciado, es la alegría que supone el saber que la sola existencia de la persona amada supone un bien para uno mismo. El amor aparece cuando hay una relación. Así, como ha dicho Nacho, se puede dar el ejemplo del amor filial. No nos alegramos sólo porque existimos, sino porque nos relacionamos. Ahora bien, cuando hablamos de relación, no nos importa hablar en primera persona de que le pertenecemos a la otra persona. Pero nos cuesta mucho decir que, de igual manera, esa persona me pertenece. ¿Por qué nos ocurre esto? Y es que el amor tiene sus trampas, como bien decía Lucas (Recal). Al principio es algo atractivo, nadie quiere estar sólo, a todo el mundo le gusta tener a alguien especial con quien ir al cine, a pasear... Pero después esa situación se torna y llegan los malos momentos, con los que hay que saber lidiar. Aunque el amor verdadero sea para siempre, afirmaba el padre Florencio, efectivamente puede que no salga bien.

Por la tarde, tuvimos la suerte de tener como invitados a 60 alumnos del Colegio Everest, quienes se mimetizaron entre nuestros alumnos universitarios. En esta ocasión el dialogo discurrió alrededor de si a pesar de una experiencia negativa en el amor, ¿se puede remontar y seguir amando? Y si ¿se puede amar gratuitamente? Los alumnos adolescentes postulaban que era muy difícil. Algunas mujeres valientes y con unos cuantos años más de experiencia (Agustina del Colegio Mayor y Mª José Díaz de Dafi), compartieron su sentir sobre el amor. Agustina aludía que justamente amar no resulta fácil, porque como todo en la vida, el amor hay que cuidarlo. En cuanto a amar gratuitamente, sólo se puede hacer cuando se ha tenido la experiencia de ser amada de ese modo. En definitiva, el amor no es sólo un acto de sentimiento (Mª José), sino un acto de la voluntad. Cada día debemos cuidarlo porque se trata de un misterio que nos sobrepasa y que nos es dado por Dios. Efectivamente, aunque el amor nos lo dé Dios y consideremos a Dios como verdadero y cercano; no permanece así siempre, siendo un príncipe azul (Padre Florencio). También tiene sus espinas.
Como siempre nos pasa en todas las horas Newman, el tema es extenso y no se agota nunca. El Padre Florencio, para ir entendiendo mejor al amor, nos aconsejó: amar con toda nuestra persona, no sólo con el corazón.

Documentación
Imprimir

<< volver

Alta Newsletter